MAYÉUTICA: Qué es y cómo debe usarse en el aula

Este número de Speaking of Teaching está centrado en el método socrático, y reproduce lo esencial de la charla del Profesor Rob Reich. Tras una breve introducción en la cual Reich define o que es el método socrático (y lo que a veces erróneamente se piensa que es), él oportunamente pasa a descomponer el método en sus elementos específicos, y luego ofrece ciertos consejos sobre su uso en el aula. También pone en práctica un modelo excelente del método socrático. Al igual que en la mayoría de las otras charlas ofrecidas en la serie de “Profesores Premiados Hablan sobre la Enseñanza”, un video de la charla del Profesor Reich está a disposición del público en la videoteca del Centro de Enseñanza y Aprendizaje, en el cuarto piso del Sweet Hall.
¿Qué es el método socrático? 
Hay que enfatizar que el método socrático no consiste en “enseñar” en el sentido convencional de la palabra. El director de la investigación socrática no es el portador de conocimiento, que llena las mentes vacías de alumnos ostentosamente pasivos con hechos y verdades adquiridas a lo largo de años de estudio. Tal como dirían los miembros de la Facultad de Educación, el profesor socrático no es “el sabio ubicado en escena”. En el método socrático, no hay lecciones ni tampoco hay necesidad de memorización. Pero tampoco es el profesor socrático “el guía que camina a nuestro lado”, como se pudiera sospechar. En el método socrático, la experiencia en el aula es un diálogo compartido entre el profesor y sus alumnos en el cual ambos son responsables de conducir dicho diálogo a través de preguntas. El “profesor”, o director del diálogo, plantea preguntas tentativas para sacar a la luz los valores y creencias sobre los cuales se estructuran y apoyan los pensamientos y afirmaciones de los participantes en la investigación. Los alumnos también plantean preguntas, tanto al profesor como entre ellos. La investigación progresa interactivamente, y el profesor es tanto un partícipe como un guía de la discusión. Es más, la investigación tiene un final abierto. No hay tal cosa como un argumento predeterminado o una meta a la cual el profesor pretenda llevar a sus alumnos. Quienes practican el método socrático no usan imágenes de PowerPoint. Dado que no hay un plan de lección, el grupo avanza según cómo va el diálogo.

Componentes esenciales del método socrático
1.El método socrático usa preguntas para examinar los valores, principios y creencias de los alumnos. Por medio de las preguntas, los participantes se esfuerzan primeramente por identificar y luego defender las intuiciones morales sobre el mundo sobre las que se sostienen sus propios modos de vida. La investigación socrática no se circunscribe solamente a la producción de enumeraciones de los hechos, o el cuestionamiento de la lógica inherente a varias y variadas abstracciones que han de compararse entre sí; más bien, ante todo exige que los participantes den razón por sí mismos de sus propias ideas, acciones y creencias. La investigación socrática apunta a develar las motivaciones y presupu estos que dan sentido a las vidas de los alumnos. De este modo, los practicantes del método socrático pueden requerir de sus alumnos que conozcan los hechos, pero quieren enfocarse principalmente en lo que el alumno piensa sobre tales hechos... ¡y no en lo que otros piensen sobre los mismos! No tiene sentido citar a los expertos.

2. El método socrático se centra en la educación moral, en cómo se debe vivir.
La investigación socrática procede necesariamente según el estilo ad hominem. Esto es, en vez de elaborar argumentos o plantear preguntas diseñadas para convencer a cualquiera o todas las personas, todos los comentarios que tienen lugar en una investigación socrática están específicamente dirigidas a los participantes de la discusión. El objeto de la discusión no es lo que se piensa o se dice sobre el 
mundo en general, sino lo que cada participante piensa o dice sobre el mundo. La meta no es considerar proposiciones y abstracciones despersonalizadas, sino poner a prueba los valores y creencias que subyac en en la mente de cada investigador. 
Dado que el núcleo de la investigación socrática es el sistema de creencias y valores de los participantes, cada vez que tales creencias o valores son cuestionados o refutados, lo que se pone en juego es la coherencia de las vidas de estas personas, nada más y nada menos. Tal como el mismo Sócrates dice en los diálogos platónicos, él está ante todo preocupado por cómo se debe vivir. En el Gorgias, Sócrates dice: “No tomes lo que digo como si yo simplemente estuviera ju gando, pues bien puedes ver que el objeto de nuestra discusión – y en verdad, ¿en qué tema podría incluso un hombre de poca inteligencia ser más serio? – es éste, cuál es el modo de vida que uno debería asumir...” 
La refutación de las creencias sobre cuál es el modo ideal de vida produce un veredicto que obliga a uno a cambiar su vida, parafraseando a Rilke en su poema “El Torso Arcaico de Apolo” (1908). Sócrates es célebre por decir que “una vida sin examen no merece ser vivida”. Igualmente cierto resulta, aunque no se suele apreciar tanto, el hecho que una vida que no es vivida plenamente no merece examen alguno.

3. El método socrático exige un ambiente de clase caracterizado por la “incomodidad productiva”. En los mejores diálogos socráticos se produce una tensión real entre los interlocutores. Los riesgos son muy altos. Quienquiera que sea interrogado, ¿se le exigirá que dé razones?

4. El método socrático resulta de mejor provecho a la hora de demostrar la complejidad, la dificultad y la incertidumbre, que a la hora de exponer los hechos del mundo.
Bertrand Russell una vez escribió: “Tal como es habitual en la filosofía, la primera dificultad consiste en ver que el problema es difícil. Si uno lo pregunta a una persona sin entrenamiento filosófico ‘¿Cómo sabe usted que yo tengo dos ojos?’, él o ella responderá ‘¡Qué pregunta tan tonta! Puedo ver que usted los tiene’. No es de suponer que, una vez que nuestra investigación esté concluida, lleguemos a una conclusión radicalmente distinta a la de esta posición no filosófica. Lo que ha de suceder es que habremos visto una estructura compleja allí donde creíamos que todo era simple; nos habremos vuelto conscientes de la penumbra de incertidumbre que circunda a todas las situaciones que en principio no gener an dudas; encontraremos que las dudas están más frecuentemente justificadas que lo que suponemos; e incluso las premisas más plausibles se habrán mostrado capaces de conducirnos a conclusiones implausibles. El resultado final es que hay que reemplazar la duda articulada por la certeza inarticulada”. 

El profesor socrático 
En el método socrático, el profesor no es el oponente en una discusión ni tampoco el abogado del diablo que básicamente dice “yo niego todo lo que tú afirmas y afirmo todo lo que tú niegas”. Esto ocurre a veces, pero no constituye un principio pedagógico. Tampoco es el caso que el profesor socrático posea todo el conocimiento o todas las respuestas, ni tampoco que esté “simplemente poniendo a prueba” a sus alumnos. El profesor es un partícipe en el diálogo, y él mismo debe estar siempre abierto al aprendizaje. De ello se sigue que el profesor socrático nunca se refugia en el respeto a su autoridad, ni tampoco busca crear un culto de la personalidad haciéndose inaccesible, frío o distante. En cambio, el profesor socrático conoce los nombres de sus alumnos, y los alumnos conocen los de sus compañeros. El profesor socrático apunta a la “incomodidad productiva”, que no al pánico y la intimidación. La meta no es inspirar temor en los corazones de los alumnos para que así vengan preparados a la clase, sino el inspirar el temor de no poder articular con claridad los valores que rigen sus vidas, o que sus valores y creencias no resistan al poder del escrutinio. 

Trucos para el uso del método socrático 
1. Establezcan pautas para la conversación: 
- Aprendan los nombres de los alumnos e inviten a los alumnos a conocer los de sus compañeros.
- Expliquen que la participación requiere de escucha y compromiso activo, y que no basta con solamente aportar un único comentario durante la clase y luego quedarse callados durante el tiempo restante.
- Enfaticen que los alumnos deben enfocar sus comentarios en torno a conceptos o principios, no narraciones en primera persona.

2. Tras hacer sus preguntas, siéntanse cómodos con los silencios. El silencio es productivo:
- Muéstrense dispuestos a esperar que los alumnos se decidan por responder. No hay necesidad de llenar el vacío conversacional; el silencio crea una especie de tensión positiva. ¡“Cuenten hasta diez” antes de reformular sus preguntas! 

3. Encuentren maneras de crear esa “incomodidad productiva”. Llamar a los alumnos por lista puede ser efectivo, pero hay que compensarlo con algo de trabajo grupal que permita a los alumnos conversar con sus compañeros de al lado.
 
4. Sobre todas las cosas, ¡formulen preguntas consecutivas! Hagan que los alumnos den razón por sí mismos, y no que se limiten a repetir lo que saben de las lecturas y lecciones. 

5. Manténganse siempre abiertos a aprender algo nuevo. No sean los “sabios en escena”, o el guía que camina al lado de los alumnos. Manténganse dispuestos a reconocer: “No sé la respuesta a esa pregunta”. 

6. Abracen la “loca idea” que ofrezca una nueva perspectiva sobre un tema, pero también desestimen aquellas ideas que no resulten serias. 

7. La brevedad en las intervenciones del profesor es muy bienvenida: nada de discursos o largas conferencias. 

8. No estimulen la gratuita deferencia hacia la autoridad y el status. Rompan con esta situación lo más posible. Los alumnos de Stanford ya cuentan con bastante práctica en eso de “hacer su tarea” y descubrir lo que necesitan aprender para salir adelante.

9. Usen aulas con un espacio que motive la interacción. Los asientos fijos colocan inmediatamente a uno en desventaja. 

Finalmente, ¡no tengan miedo de la extensión del alumnado! El método socrático es factible de usar incluso en un aula de 70 alumnos: en tales casos, solo hay que formar más grupos pequeños. En la parte final de su charla, el Profesor Reich expuso un ejemplo de ejercicio de método socrático, en el cual planteó un dilema moral al auditorio: usted es el conductor de un tren en el que están fallando los frenos y debe elegir entre la opción de matar a cinco trabajadores en su paso por una ruta alternativa, o la de matar a todos los 300 pasajeros del tren. Luego pidió que el auditorio hiciera argumentos sobre lo que debía hacerse. Luego, procedió a hacer sugerencias de manera provocadora, motivando a cada interventor a defender y articular las razones y valores que subyacen a su decisión (¿es mejor salvar a muchos a expensas de unos pocos?), y luego aplicó esos razonamientos a otros dilemas morales en los cuales la aplicación de la misma decisión podría no resultar tan defendible. 
En cada ronda de preguntas, el Profesor Reich procuró enfocarse en derribar los presupuestos de los interventores en un afán de “recomponer la verdad” – que es precisamente la tarea del profesor socrático en clase. Cuando alguien le preguntó si alguna vez él exponía sus propias ideas en clase, Reich contestó que él suele esperar hasta el final de la discusión, e incluso entonces puede ser que él prefiera utilizar algo de “engaño pedagógico” (asumir una posición que no se comparte necesariamente) con el fin de motivar a sus alumnos a examinar sus propias premisas. 
Si bien el modelo de Reich no está enteramente basado en los métodos que usaba Sócrates en los diálogos platónicos, está muy alejado de la imagen de humillación confrontacional que erróneamente se suele asociar al enfoque socrático. En cambio, el método socrático, tal como Reich y otros más lo practican, es un formato dinámico que ayuda a nuestros alumnos a asumir genuinos riesgos intelectuales y aprender a pensar críticamente. 

Más acerca del Profesor Reich en su sitio web: www.stanford.edu/~reich
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